Prepara en 3 etapas una confesión provechosa… incluso en familia: para esposos, padres e hijos

22 marzo 2017

Ary Waldir Ramos Díaz (Aleteia. Marzo 20, 2017) El Papa Francisco presidió la celebración penitencial el 17 de marzo de 2017 en la Basílica de San Pedro. En esa ocasión, el Pontífice confesó varios laicos y él mismo entró al confesionario como cualquier fiel para la absolución. La celebración anticipó el momento especial penitencial llamado: “24 horas para el Señor”, promovido por el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización. Este año la iniciativa tiene como tema: Misericordia yo quiero (Mt, 9, 13). Las Iglesias del mundo lo celebrarán del 24 al 25 de marzo de 2017, en la Vigilia del IV domingo de Cuaresma, domingo in Laetare.

¿Cómo hacer un examen de conciencia? 

A continuación el esquema en tres (I, II; III) etapas para realizar un examen de conciencia y poder confesarse, escrito por la Oficina de Celebraciones Litúrgicas del papa Francisco.

Un esquema muy útil para cada miembro de la familia:

1. ¿Me acerco al sacramento de la Penitencia por un sincero deseo de purificación, de conversión, de renovación de vida y de una más íntima amistad con Dios, o lo considero más bien como un peso, que solo raramente estoy dispuesto a asumir?

2. ¿He olvidado o a propósito he callado pecados graves en la confesión precedente o en confesiones pasadas?

3. ¿He satisfecho la penitencia que me fue impuesta? ¿He reparado los daños que he cometido? ¿He buscado poner en práctica los propósitos hechos para enmendar mi vida según el Evangelio?

A la luz de la palabra de Dios, cada uno examínese a sí mismo…

I. El Señor dice: “Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón”

1. ¿Mi corazón está verdaderamente orientado a Dios; puedo decir que lo amo verdaderamente sobre todas las cosas y con amor de hijo, en la observancia fiel de sus mandamientos? ¿Me dejo absorber demasiado por las cosas temporales? ¿Es siempre recta mi intención en el obrar?

2. ¿Es firme mi fe en Dios, que en su Hijo nos ha presentado su palabra? ¿He dado mi plena adhesión a la doctrina de la Iglesia? ¿Me preocupa mi formación cristiana, escuchando la palabra de Dios, participando en la catequesis, evitando lo que pueda acechar la fe? ¿He profesado siempre con valentía y sin temor mi fe en Dios y en la Iglesia? ¿Me he mostrado como cristiano en la vida privada y pública?

3. ¿He rezado en la mañana y en la noche? ¿Mi oración es una verdadera conversación de corazón a corazón con Dios, o es solo una vacía práctica exterior? ¿He sabido ofrecer a Dios mis ocupaciones, mis alegrías y dolores? ¿Recurro a Él con confianza también en las tentaciones?

4. ¿Tengo reverencia y amor hacia el santo nombre de Dios o lo he ofendido con blasfemias, falsos juramentos o nombrándolo en vano? ¿He sido irreverente con la Virgen y los santos?

5. ¿Santifico el día del Señor y las fiestas de la Iglesia, tomando parte con participación activa, atenta y pía a las celebraciones litúrgicas y especialmente en la Santa Misa? ¿He evitado hacer trabajos no necesarios en los días festivos? ¿He observado el precepto de la confesión al menos anual y de la comunión pascual?

6. ¿Existen para mí “otros dioses”, a saber expresiones o cosas por las cuales me intereso o en las cuales pongo más confianza que en Dios, por ejemplo: riqueza, superstición, espiritismo u otras formas de magia?

II. El Señor dice: “Ámense los unos a los otros, como yo los he amado”

1. ¿Amo verdaderamente a mi prójimo o abuso de mis hermanos, sirviéndome de ellos para mis intereses y reservando para ellos un tratamiento que no quisiera que fuese usado conmigo? ¿He ocasionado escándalo con mis palabras y mis acciones?

2. ¿He contribuido en mi familia, con paciencia y con verdadero amor al bien y a la serenidad de los demás?

Para cada miembro de la familia:

Para los hijos: ¿fui obediente con mis padres, los he respetado y honrado? ¿Les he ayudado en las necesidades espirituales y materiales? ¿Me he esforzado en la escuela? ¿He respetado las autoridades? ¿He dado un buen ejemplo en toda situación?

Para los padres: ¿me he preocupado por la educación cristiana de mis hijos? ¿Les he dado un buen ejemplo? ¿Los he apoyado y dirigido con mi autoridad?

Para los esposos: ¿he sido siempre fiel en los afectos y en las acciones? ¿He sido comprensivo en los momentos de desasosiego?

3. ¿Sé dar de lo mío, sin mezquino egoísmo, a quien es más pobre que yo?, ¿En cuanto a lo que depende de mí, defiendo a los oprimidos y ayudo a los necesitados? ¿O trato con suficiencia o con dureza a mi prójimo, especialmente a los pobres, los débiles, los viejos, los marginados y los inmigrantes?

4. ¿Soy consciente de la misión que me fue confiada? ¿He participado de las obras de apostolado y de caridad de la Iglesia, en las iniciativas y en la vida de la parroquia? ¿He rezado y dado mi contribución para las necesidades de la Iglesia y del mundo, por ejemplo: para la unidad de la Iglesia, para la evangelización de los pueblos, para la instauración de la justicia y de la paz?

5. ¿Tengo en el corazón el bien y la prosperidad de la comunidad en la cual vivo o cuido solo de mis intereses personales? ¿Participo, en cuanto puedo, en las iniciativas que promueven la justicia, la moral pública, la concordia, las obras de beneficencia? ¿Cumplo con mis deberes civiles? ¿He pagado regularmente mis impuestos?

6. ¿Soy justo, comprometido, honesto en el trabajo, voluntarioso para prestar mi servicio para el bien común? ¿He dado el justo salario a los obreros y a todos los dependientes? ¿He cumplido los contratos y promesas?

7. ¿He prestado obediencia y el respeto debido a las autoridades legítimas?

8. ¿Si tengo algún cargo o desarrollo funciones directivas, cuido solo mi interés o me esfuerzo por el bien de los demás, en espíritu de servicio?

9. ¿He practicado la verdad y la lealtad, o he ocasionado el mal al prójimo con mentiras, calumnias, denigraciones, juicios temerarios, violaciones de secretos?

10. ¿He atentado contra la vida y la integridad física del prójimo, le he ofendido en el honor, le he negado los bienes? ¿He procurado o aconsejado el aborto? ¿He callado en situaciones donde pude animar al bien? ¿En la vida matrimonial soy respetuoso de las enseñanzas de la Iglesia acerca de la apertura y respeto a la vida? ¿He obrado contra mi integridad física (por ejemplo con la esterilización)? ¿Fui siempre fiel también con la mente? ¿He mantenido el odio? ¿He sido conflictivo? ¿He pronunciado insultos y palabras ofensivas, fomentando desacuerdos y rencores? ¿He omitido testimoniar la inocencia del prójimo, de forma culpable y egoísta? ¿Conduciendo el vehículo u otro medio de transporte he puesto en peligro mi vida o la de los demás?

11. ¿He robado? ¿Injustamente he deseado el robo a los demás? ¿He dañado al prójimo en sus pertenencias? ¿He restituido aquello que sustraje y reparado los daños causados?

12. Si he recibido males, ¿me he mostrado dispuesto a reconciliarme y perdonar por amor a Cristo, o guardo en el corazón odio y deseo de venganza?

III. Cristo el Señor dice: “Sean perfectos como el Padre”

1 ¿Cuál es la orientación fundamental de mi vida? ¿Me doy ánimo con la esperanza de la vida eterna? ¿He buscado reavivar mi vida espiritual con la oración, la lectura y la meditación de la palabra de Dios, la participación en los sacramentos? ¿He practicado la mortificación? ¿He estado pronto y decidido a cortar los vicios, someter las pasiones y las inclinaciones perversas? ¿He respondido a los motivos de envidia, he dominado la gula? ¿He sido presuntuoso y soberbio, despreciado a los demás y preferirme antes que a ellos? ¿He impuesto mi voluntad a los demás, conculcando su libertad y despreciando sus derechos?

2. ¿Qué uso he hecho del tiempo, las fuerzas y los dones recibidos de Dios como “los talentos del Evangelio”?, ¿Me sirvo de todos estos medios para crecer cada día en la perfección de la vida espiritual y en el servicio al prójimo? ¿He sido inerte y ocioso? ¿Cómo utilizo internet y otros medios de comunicación?

3. ¿He soportado con paciencia, en espíritu de fe, los dolores y las pruebas de la vida? ¿Cómo he buscado practicar la mortificación, para cumplir aquello que falta a la pasión de Cristo? ¿He observado la ley del ayuno y la mortificación? ¿He observado la ley del ayuno y la abstinencia?

4. ¿He conservado puro y casto mi cuerpo, en mi estado de vida, pensando que es templo del Espíritu Santo, destinado a la resurrección y a la gloria? ¿He custodiado mis sentidos y evitado de ensuciarme en lo espíritu y en el cuerpo con pensamientos y malos deseos, con palabras y acciones indignas? ¿Me he permitido lecturas, discursos, espectáculos, diversiones en contraste con la honestidad humana y cristiana? ¿He sido escándalo para los demás con mi comportamiento?

5. ¿He actuado contra mi conciencia por temor o por hipocresía?

6. ¿He buscado comportarme en todo y siempre en la verdadera libertad de los hijos de Dios y según las leyes del Espíritu o me he dejado someter por mis pasiones?

7. ¿He omitido un bien que era para mí posible de realizar?

Foto: Le Osservatore Romano.

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El Vía Crucis, una de las devociones cristianas más antiguas

18 marzo 2017

Salvador Aragonés (Aleteia. Marzo 17, 2017). El Via Crucis (Viacrucis) es una de las devociones más antiguas de la Iglesia. Significa el Camino de la Cruz. Representa escenas de la Pasión de Jesús y sirven de oración que le acompaña desde su condena por Pilatos hasta su muerte en el Calvario y su sepultura.

Aunque se reza durante todo el año, lo más común es la práctica del Viacrucis en los viernes de Cuaresma. Se reza en viernes porque Jesús murió en la cruz el Viernes Santo.

La piedad popular, en los primeros siglos del cristianismo, asegura que fue la Virgen María la que inició el Via Crucis, pues mientras vivió en la Tierra recorría el camino del Calvario a menudo recordando los lugares por lo que pasó su hijo Jesús.

La piadosa tradición de conmemorar el camino del Calvario, como hizo la Virgen, se extendió por toda la cristiandad en la Edad Media hasta el punto que se organizaron peregrinaciones a Jerusalén para revivir la Pasión y muerte de Jesús en la cruz preludio de la Pascua de resurrección.

En algunos lugares se ha exaltado mucho la Pasión y muerte de Jesús, relegando erróneamente la Pascua de resurrección. San Pablo escribió a los Corintios (I Cor, 15-14) que “si Cristo no ha resucitado, vana es entonces nuestra predicación, y vana también vuestra fe”. Luego toda la fe gira en torno a la Pascua.

Un poco de historia

Entre las que siguieron las primeras huellas del Viacrucis se encuentra la española Silvia Eteria, abadesa de Galicia, según se cree, que peregrinó a Tierra Santa en el siglo IV. La intrépida monja escribió Itinerarium donde describe la liturgia seguida por los cristianos de Jerusalén y destaca los ricos adornos de los altares, como los candelabros de oro, que mandó construir el emperador Constantino, a instancias de su madre, Flavia Julia Elena (santa Elena).

Silvia Eteria narra cómo vivían la Semana Santa los cristianos de Jerusalén, con actos piadosos recorriendo el camino que va del Pretorio de Pilatos al Calvario, es decir el Viacrucis.

Desde los primeros siglos los cristianos vivían los cuarenta días Quadragésima (Cuaresma) anteriores de la Pascua con ayunos y penitencia. La Cuaresma culminaba con la Semana Santa, que eran los días de mayor penitencia y ayuno hasta terminar en la alegría de la Pascua.

Durante la Edad Media, el Camino de la Cruz o Viacrucis no tenía la forma de las catorce estaciones que tiene ahora, sino que estas eran cuatro o cinco: el Ecce Homo de Pilatos en el Pretorio; el encuentro de Jesús con su Madre la Virgen María; el Cirineo ayuda a llevar la cruz; las piadosas mujeres que lloran al paso de Jesús, y por último la crucifixión y muerte de Jesús en el Calvario.

En algunos Viacrucis antiguos el camino de la Cruz se recorrían al revés: empezaban por el Calvario y terminaban en el Pretorio.

¿Encontró Jesús a su Madre camino del Calvario? El día de la Pasión y Muerte de Jesús, su Madre María, la Santísima Virgen, estaba en Jerusalén, como demuestra su presencia delante de Jesús crucificado, junto a Juan y otras santas mujeres.

Es cierto que los evangelios no narran su encuentro con Jesús camino del Calvario, pero la piedad popular siempre lo ha dado por supuesto: la Virgen Santísima acompañó a su Hijo amadísimo Jesús durante todo su camino por Jerusalén hasta la cima del Calvario. Ella hizo el primer Viacrucis en vivo henchida de dolor. ¡Cuánto sufrió María!

La estación de la Verónica que enjuga el rostro de Cristo tampoco está en los evangelios, pero es una piadosa tradición que se añadió como una nueva estación en el siglo XV, y que dura hasta nuestros días.

La gran popularidad del Viacrucis vino de la mano del alemán Martin Ketzel, quien visitó Jerusalén a finales del siglo XV y quedó enormemente impresionado. Llamó al escultor Adam Kraft de Nüremberg para que reprodujera siete grandes escenarios por donde pasó Jesús desde su condena a muerte por Pilatos hasta el Calvario.

Las Estaciones del Viacrucis tal como las conocemos hoy –las doce primeras estaciones–fueron descritas en el libro Jerusalén sicut Christi tempore floruit (Jerusalén floreció como en tiempos de Cristo), escrito en 1584 por Adrichomius.

Algo más tarde, el carmelita Jan Pascha fija las catorce estaciones actuales. A partir de ese momento la devoción al Víacrucis se multiplicó, destacando en ello la Orden de San Francisco. Un solo fraile franciscano erigió 567 Viacrucis en Italia.

Los franciscanos eran los custodios de los Santos Lugares, pero los sultanes musulmanes de Constantinopla y la acción de los mamelucos en Palestina (siglos XVI a XVIII) echaron a los franciscanos y no reconocían los Santos Lugares como tales. Estos consiguieron no obstante continuar de alguna manera con la custodia.

Desde entonces las peregrinaciones a Tierra Santa eran cada vez más difíciles. Por eso, el papa Inocencio XI en 1686, concedió a la Orden de San Francisco el derecho de erigir Viacrucis en las iglesias que ellos regentaban, recibiendo los fieles las mismas indulgencias que se concedían para la peregrinación a Tierra Santa.

Más tarde, el papa Benedicto XIV (1742) extendió a todas las iglesias poder poner las estaciones del Viacrucis y exhortó a todos los sacerdotes a enriquecer sus iglesias con el rico tesoro de las Estaciones de la Cruz.

Hoy prácticamente en todas las iglesias, capillas y oratorios existen las catorce Estaciones del Viacrucis, ya sea reproduciendo las escenas o bien en cruces sencillas de madera o de metal. La devoción a la práctica del Viacrucis se ha reflejado en la cantidad de esculturas esculpidas que invitan a la devoción del Camino del Calvario, algunas de ellas auténticas obras de arte.

Los más famosos Viacrucis se encuentran en Roma en la Via della Conciliazione y en el Coliseo. Algunos Viacrucis han alcanzado una enorme popularidad, como el mejicano de Iztapalapa que recibe a dos millones de visitantes. Sería largo hablar de todos los Viacrucis y también de las estaciones vivientes en los países latinos y en Filipinas.

En 1991 san Juan Pablo II creó un nuevo Viacrucis para el Coliseo y el Viernes Santo lo dio a conocer a todo el mundo por medio de la televisión. Este Viacrucis se caracterizó por aumentar las estaciones a 15 y por contar solo con escenas narradas en los evangelios.

Así lo hizo atendiendo a la reforma litúrgica promovida por el Concilio Vaticano II el cual aconsejó que todas las formas de oración se basaran en los textos de las Sagradas Escrituras y pensando en el ecumenismo, pues los hermanos separados no aceptarían escenas que no estuvieran en los cuatro evangelios. La Estación 15 era la Resurrección del Señor.

El papa Francisco ha vuelto a la tradición popular y ha mantenido las 14 estaciones tal como estaban antes de la reforma del papa Wojtyla. ¡Él también lo reza!

San Juan Pablo II era muy devoto del Viacrucis hasta el punto que construyó un Viacrucis en la terraza del techo del Palacio Apostólico, donde muchos días subía a rezar el Viacrucis.

La popularidad del Viacrucis ha hecho que la palabra entrara en el vocabulario popular: cuando una persona sufre un grave y largo percance se comenta que “ha pasado un viacrucis” o “un (largo) calvario”.

Foto: es.aleteia.org