¿Cómo distinguir a los profetas verdaderos de los falsos? El Papa lo explica

17 abril 2018

El Papa en la Misa. Foto: Vatican MediaRedacción (ACI Prensa. 17 de abril de 2018 – 4:16 am.) El profeta es siempre un hombre de esperanza que “se juega la piel”. Así lo indicó el Papa Francisco en la Misa que presidió en la capilla de la Casa Santa Marta, en la que dio algunas claves para distinguir a los verdaderos profetas de los falsos.

Francisco recordó la figura de San Esteban, que fue lapidado después de hablar al pueblo y anunciarle la verdad. “Lo llevaron fuera de la ciudad y lo lapidaron”, dijo.

“Cuando el profeta llega a la verdad y toca el corazón: o el corazón se abre o se hace más de piedra y se desencadena la rabia, la persecución” y “así acaba la vida de un profeta”.

“Pero, ¿cuál es para mí el test de que un profeta cuando habla fuerte dice la verdad? Y cuando este profeta es capaz no solo de hablar, sino de llorar a su pueblo que ha abandonado la verdad. Y Jesús por un lado reprueba con estas palabras duras ‘generación malvada y adúltera’: Por otro lado, llora sobre Jerusalén. Este es el test”.

“Un verdadero profeta es el que es capaz de llorar por su pueblo y también es capaz de decir las cosas fuertes cuando las debe decir. No es tibio, siempre es así: directo”.

El Pontífice añadió que “abrir las puertas, resanar las raíces, resanar la pertenencia al pueblo de Dios para ir adelante. Su trabajo no es ser un reprobador. No, es un hombre de esperanza. Reprobará cuando sea necesario y abre las puertas mirando al horizonte de la esperanza. Pero el verdadero profeta si hace bien su trabajo se juega la piel”.

“La Iglesia necesita profetas. Diré más: tiene necesidad de que todos nosotros seamos profetas. No critica, esta es otra cosa. Una cosa es siempre el juez crítico al cual no le gusta nada, nada le gusta: ‘No, esto no está bien, no está bien, no está bien; esto tiene que ser así…’. Ese no es un profeta. El profeta es el que reza, mira a Dios, mira a su pueblo, siente dolor cuando el pueblo se equivoca, llora –es capaz de llorar sobre el pueblo–, pero es también capaz de jugársela bien por decir la verdad”.

Foto: Vatican Media.

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Papa Francisco te explica el sentido de la Semana Santa en tres pasos

22 marzo 2018

El Pontífice dedica su predicación al “Triduo Pascual”, que va desde la tarde del Jueves Santo hasta el Domingo de Resurrección

En la audiencia general del miércoles 01 de abril en la Plaza San Pedro, el Papa Francisco ha dedicado su catequesis al Triduo Pascual, es decir la celebración de los tres días antes del Domingo de Resurrección, culmen de “nuestra vida de cristianos”.

El Papa invitó en la Semana Santa a no limitarse “a conmemorar la pasión del Señor: entremos en el misterio, hagamos nuestros sus sentimientos, sus pensamientos, como nos invita a hacer el apóstol Pablo: ”Sintiendo lo mismo que Jesús”. Entonces la nuestra será una “Feliz Pascua”.

1. La última Cena del Señor (Jueves Santo), el testimonio del servicio. La caricia de Jesús que besa y lava tus pies 

“Este Jueves Santo-  ha recordado – en la tarde con la celebración de la Ultima Cena del Señor tendrá inicio el Triduo Pascual de la Pasión, muerte y resurrección de Cristo”.

“El Triduo – ha dicho – se abre con la conmemoración de la Última Cena. En la vigilia de su Pasión, Jesús ofreció con el Pan y el Vino, su Cuerpo y su Sangre al Padre, y donándolos como alimento para sus Apóstoles, les pidió de perpetuar” este gesto para recordarlo.

Sucesivamente, explicó el lavatorio de los pies que “tiene el mismo significado de la Eucaristía con una perspectiva diferente. Jesús – como un siervo – lava los pies a Simón Pedro y a los otros once discípulos. Con este gesto profético expresa el sentido de su vida y su pasión, como servicio a Dios y a los demás…”

A este propósito, “entramos en comunión con Cristo Siervo para obedecer a su mandamiento de amarnos los unos a otros como Él nos ha amado”.

2.  La muerte de Cristo (Viernes Santo), inspiración para dar la vida por los demás

El Viernes Santo se medita el misterio de la muerte de Cristo y recordamos sus palabras en la Cruz: ”Todo está cumplido”, que significan ”que la obra de salvación se ha cumplido, que todas las Escrituras encuentran su cumplimiento en el amor de Cristo”.  Y agrega: “Jesús, con su sacrificio, ha transformado la iniquidad más grande en el más grande amor”.

Francisco recordó en este contexto a los hombres y mujeres que a lo largo de los siglos han dado testimonio de Cristo con ”un destello de ese amor perfecto, pleno e incontaminado”.

En su estilo concreto, el Pontífice citó el ejemplo de un sacerdote italiano Andrea Santoro, misionero en Turquía, que poco antes de ser asesinado en la iglesia de Trebisonda, el 5 de febrero de 2006, escribía: “Estoy aquí para vivir entre esta gente y permitir a Jesús de hacerlo, prestándole mi carne”.

El Papa expresó que este y otros ejemplos sostienen a las personas a la hora de ofrecer sus vida “como don de amor a los hermanos imitando a Jesús”.

3. Cristo en el sepulcro (Sábado Santo), la luz vence sobre las tinieblas y la vida del cristiano no termina con la muerte 

En este día, ”la Iglesia contempla el “descanso” de Cristo en la tumba después de la batalla victoriosa de la cruz y una vez más se identifica con María: toda su fe se recoge en ella, la primera y perfecta discípula, la primera y perfecta creyente”.

De esta manera, en la gran Vigilia de Pascua, ”celebramos a Cristo resucitado centro y fin del cosmos y de la historia; velamos, llenos de esperanza, esperando su regreso, cuando la Pascua se manifestará plenamente…”

A veces -observó el Papa- la oscuridad de la noche parece penetrar el alma; A veces pensamos que, “ya no hay nada que hacer”, y el corazón no encuentra la fuerza para amar … Pero en esa oscuridad Cristo enciende el fuego del amor de Dios: un resplandor rompe las tinieblas y anuncia un comienzo.

La piedra del dolor se remueve, dejando espacio a la esperanza. El Papa Francisco incitó a los fieles a ver la noche santa de la Pascua como una entrega de la “luz del Resucitado” para que quienes creen puedan ver un futuro radiante: ¡Nuestra vida no termina ante la piedra de un sepulcro!”.

Foto: Vatican Media.

El Papa advierte contra los atajos que llevan a las drogas o a la magia

11 marzo 2018

El Papa Francisco durante el rezo del Ángelus. Foto: Vatican MediaRedacción (ACI Prensa. 11 de marzo de 2018 – 6:36 am.) Durante el rezo del Ángelus este domingo 11 de marzo en la plaza de San Pedro del Vaticano, el Papa Francisco advirtió contra los atajos ante situaciones desesperadas que llevan a caer en la droga, las supersticiones o la magia.

Ante ello, propuso dejarse llevar por el amor de Dios y la alegría cristiana, que “requiere fe y una vida moral sana”.

En sus palabras previas al rezo del Ángelus, el Santo Padre reflexionó sobre la alegría, destacando que este domingo 11 de marzo es el domingo de la alegría. “La antífona de ingreso de la liturgia eucarística nos invita a la alegría: ‘Alégrate Jerusalén’”.

“¿Cuál es el motivo de esta alegría?”, se preguntó el Papa. “Es el gran amor de Dios hacia la humanidad, como nos indica el Evangelio de hoy: ‘Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna’”.

“De hecho, Dios no se aparta, sino que entra en la historia de la humanidad para animarla con su gracia y salvarla”.

En sus palabras, el Pontífice concretó que “estamos llamados a escuchar este anuncio, rechazando la tentación de considerarnos seguros de nosotros mismos, de querer hacer a Dios de menos, recibiendo una absoluta libertad de Él y de su Palabra”.

“Cuando encontramos la valentía de reconocernos lo que somos, nos damos cuenta de que somos personas llamadas a lidiar con nuestra fragilidad y con nuestros límites. Entonces se puede padecer angustia, ansiedad por el mañana, miedo por la enfermedad o por la muerte”.

Según indicó, “esto explica por qué tantas perdonas, buscando una vía de salida, invocan en ocasiones peligrosos atajos como, por ejemplo, el túnel de la droga, o las supersticiones, o los ruinosos rituales de magia”.

“El cristianismo no ofrece fáciles consuelos, no es un atajo, sino que requiere fe y vida moral sana, que rechace el mal, el egoísmo y la corrupción. Pero nos da también la verdadera y gran esperanza de Dios Padre, rico de misericordia, que nos ha dado a su Hijo revelándonos así su inmenso amor”.

Afirmó que “la Cruz de Jesús es la manifestación más grande del amor de Dios: un amor que proviene del corazón del Padre y que es acogido y entregado con generosidad por el corazón del Hijo”.

Por último, finalizó pidiendo la intercesión de la Virgen María para que “nos meta en el corazón la certeza de que somos amados por Dios”.

Foto: Vatican Media.


Catequesis del Papa Francisco sobre la Liturgia eucarística

28 febrero 2018

El Papa saluda a un niño durante la Audiencia General. Foto: Vatican MediaRedacción (ACI Prensa. 28 de febrero de 2018) En una nueva Audiencia General, el Papa Francisco continuó con el ciclo de catequesis sobre la Misa y explicó algunos momentos de la Liturgia eucarística.

Sobre el Ofertorio, por ejemplo, señaló que “nos enseña, pueda iluminar nuestras jornadas, las relaciones con los otros, las cosas que hacemos, los sufrimientos que encontramos, ayudándonos a construir la ciudad terrena a la luz del Evangelio”.

A continuación, el texto completo de la catequesis del Papa:

Continuamos con la catequesis sobre la santa misa. En la liturgia de la Palabra —sobre la que me he detenido en las pasadas catequesis— sigue otra parte constitutiva de la misa, que es la liturgia eucarística. En ella, a través de los santos signos, la Iglesia hace continuamente presente el Sacrificio de la nueva alianza sellada por Jesús sobre el altar de la Cruz (cf. Concilio Vaticano ii, Const. Sacrosanctum Concilium, 47). Fue el primer altar cristiano, el de la Cruz, y cuando nosotros nos acercamos al altar para celebrar la misa, nuestra memoria va al altar de la Cruz, donde se hizo el primer sacrificio. El sacerdote, que en la misa representa a Cristo, cumple lo que el Señor mismo hizo y confió a los discípulos en la Última Cena: tomó el pan y el cáliz, dio gracias, los pasó a sus discípulos diciendo: «Tomad, comed… bebed: esto es mi cuerpo… este es el cáliz de mi sangre. Haced esto en memoria mía».

Obediente al mandamiento de Jesús, la Iglesia ha dispuesto en la liturgia eucarística el momento que corresponde a las palabras y a los gestos cumplidos por Él en la vigilia de su Pasión. Así, en la preparación de los dones. son llevados al altar el pan y el vino, es decir los elementos que Cristo tomó en sus manos. En la Oración eucarística damos gracias a Dios por la obra de la redención y las ofrendas se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo. Siguen la fracción del Pan y la Comunión, mediante la cual revivimos la experiencia de los Apóstoles que recibieron los dones eucarísticos de las manos de Cristo mismo (cf. Instrucción General del Misal Romano, 72).

Al primer gesto de Jesús: «tomó el pan y el cáliz del vino», corresponde por tanto la preparación de los dones. Es la primera parte de la Liturgia eucarística. Está bien que sean los fieles los que presenten el pan y el vino, porque estos representan la ofrenda espiritual de la Iglesia ahí recogida para la eucaristía. Es bonito que sean los propios fieles los que llevan al altar el pan y el vino. Aunque hoy «los fieles ya no traigan, de los suyos, el pan y el vino destinados para la liturgia, como se hacía antiguamente, sin embargo el rito de presentarlos conserva su fuerza y su significado espiritual» (ibíd., 73). Y al respecto es significativo que, al ordenar un nuevo presbítero, el obispo, cuando le entrega el pan y el vino dice: «Recibe las ofrendas del pueblo santo para el sacrificio eucarístico» (Pontifical Romano – Ordenación de los obispos, de los presbíteros y de los diáconos). ¡El Pueblo de Dios que lleva la ofrenda, el pan y el vino, la gran ofrenda para la misa! Por tanto, en los signos del pan y del vino el pueblo fiel pone la propia ofrenda en las manos del sacerdote, el cual la depone en el altar o mesa del Señor, «que es el centro de toda la Liturgia Eucarística» (igmr, 73). Es decir, el centro de la misa es el altar, y el altar es Cristo; siempre es necesario mirar el altar que es el centro de la misa. En el «fruto de la tierra y del trabajo del hombre», se ofrece por tanto el compromiso de los fieles a hacer de sí mismos, obedientes a la divina Palabra, «sacrificio agradable a Dios, Padre todopoderoso», «por el bien de toda su santa Iglesia». Así «la vida de los fieles, su alabanza, su sufrimiento, su oración y su trabajo se unen a los de Cristo y a su total ofrenda, y adquieren así un valor nuevo» (Catecismo de la Iglesia Católica, 1368).

Ciertamente, nuestra ofrenda es poca cosa, pero Cristo necesita de este poco. Nos pide poco, el Señor, y nos da tanto. Nos pide poco. Nos pide, en la vida ordinaria, buena voluntad; nos pide corazón abierto; nos pide ganas de ser mejores para acogerle a Él que se ofrece a sí mismo a nosotros en la eucaristía; nos pide estas ofrendas simbólicas que después se convertirán en su cuerpo y su sangre. Una imagen de este movimiento oblativo de oración se representa en el incienso que, consumido en el fuego, libera un humo perfumado que sube hacia lo alto: incensar las ofrendas, como se hace en los días de fiesta, incensar la cruz, el altar, el sacerdote y el pueblo sacerdotal manifiesta visiblemente el vínculo del ofertorio que une todas estas realidades al sacrificio de Cristo (cf. igmr, 75). Y no olvidar: está el altar que es Cristo, pero siempre en referencia al primer altar que es la Cruz, y sobre el altar que es Cristo llevamos lo poco de nuestros dones, el pan y el vino que después se convertirán en el tanto: Jesús mismo que se da a nosotros.

Que la espiritualidad del don de sí, que este momento de la misa nos enseña, pueda iluminar nuestras jornadas, las relaciones con los otros, las cosas que hacemos, los sufrimientos que encontramos, ayudándonos a construir la ciudad terrena a la luz del Evangelio.

Foto: Vatican Media.


¿Qué fue la transfiguración de Jesús? El Papa Francisco lo explica

25 febrero 2018

El Papa durante el rezo del Ángelus. Foto: Vatican MediaRedacción (ACI Prensa. El Papa Francisco explicó, antes del rezo del Ángelus este domingo 25 de febrero en la Plaza de San Pedro del Vaticano, qué significó la transfiguración de Jesús ante sus discípulos poco antes de la Pasión.

En el Evangelio de este segundo domingo de Cuaresma se narra la transfiguración de Jesús. “Este episodio va unido a lo que había ocurrido seis días antes, cuando Jesús había revelado a sus discípulos que en Jerusalén iba a ‘sufrir mucho, a ser rechazado por los ancianos, por los jefes de los sacerdotes y los escribas, asesinado y, tres días después, resucitar’”.

Aquel anunció de la Pasión y Resurrección “había sumido en crisis a Pedro y a todo el grupo de los discípulos, que rechazaban la idea de que Jesús pudiera ser rechazado por los jefes del pueblo y asesinado”.

De hecho, “ellos esperaban a un Mesías poderosos y dominador. En cambio, Jesús se presenta como un humilde y manso siervo de Dios y de los hombres, que iba a dar su vida en sacrificio, avanzando por el camino de la persecución, del sufrimiento y de la muerte”.

El Evangelio narra cómo “Jesús se lleva consigo a tres discípulos, Pedro, Santiago y Juan, y ‘los conduce a o alto de un monte’; y allí, por un momento, muestra toda su gloria, la gloria del Hijo de Dios. Este evento de la transfiguración permite, de ese modo, a sus discípulos afrontar la pasión de Jesús de una manera positiva, sin quedar abrumados”.

“La transfiguración ayuda a los discípulos, y también a nosotros, a comprender que la pasión de Cristo es un misterio de sufrimiento, pero, sobre todo, un regalo de amor infinito por parte de Jesús”.

El evento protagonizado por Jesús, que se transfigura sobre el monte, “nos hace comprender mejor también su resurrección. Si antes de la Pasión no se nos hubiera mostrado la transfiguración con la declaración por parte de Dios, ‘Este es mi hijo amado’, la Resurrección y el misterio pascual de Jesús no habría sido fácilmente comprensible en toda su profundidad”.

“De hecho, para comprenderlo, es necesario saber con anterioridad que aquel que sufre y que es glorificado no es solamente un hombre, sino que es el Hijo de Dios, que, con su amor fiel hasta la muerte, nos ha salvado”.

De esta manera, “el Padre renueva su declaración mesiánica sobre su hijo realizada en el río Jordán el día del bautismo, y exhorta: ‘¡Escuchadlo!’. Los discípulos son llamados a seguir al Maestro con confianza y esperanza, incluso en el momento de su muerte”.

La divinidad de Jesús “se manifiesta incluso sobre la Cruz, incluso en aquel modo de morir. Tanto es así que el evangelista Marcos pone sobre la boca del centurión la profesión de fe: ‘¡Realmente este hombre era Hijo de Dios!’”.

Por último, el Pontífice explicó que la cuaresma “es la experiencia de la contemplación y de la oración, de vivir no para evadirse de la dureza de lo cotidiano, sino para gozar de la familiaridad con Dios, para después retomar, con renovado vigor, el camino fatigoso de la cruz que lleva a la resurrección”.

Foto: Vatican Media.


El Papa invita a luchar contra el maligno y a desechar los egoísmos para vencerlo

18 febrero 2018

El Papa durante el Ángelus. Foto: Daniel Ibáñez / ACI PrensaRedacción (ACI Prensa. 18 de febrero de 2018 – 8:58 a.m.) Antes de rezar el Ángelus del domingo, el Papa Francisco realizó una breve explicación a las lecturas del día basándose en 3 pilares: las tentaciones, la conversión y la Buena Noticia y recordó que la Cuaresma es un tiempo propicio para luchar contra el Maligno.

“Jesús va al desierto para prepararse a su misión en el mundo. Él no necesita convertirse, pero, como hombre, debe pasar a través de esta prueba, sea para sí mismo, para obedecer a la voluntad del Padre, sea por nosotros, para darnos la gracia de vencer las tentaciones”, afirmó.

El Papa aseguró que “esta preparación consiste en el combate contra el espíritu del mal”. “También para nosotros la Cuaresma es un tiempo de ‘agonismo’ espiritual: estamos llamados a afrontar al Maligno mediante la oración, para ser capaces, con la ayuda de Dios, de vencerlo en nuestra vida cotidiana”.

Pero destacó que “rápidamente”, después de las tentaciones, Jesús “comienza a predicar la Buena Noticia que exige al hombre conversión y fe”.

“Nunca estamos lo suficientemente orientados hacia Dios y debemos continuamente dirigir nuestra mente y nuestro corazón a Él”.

Para hacerlo, “se necesita tener la valentía de echar fuera toda lo que nos lleva por el camino erróneo, los falsos valores que nos engañan aprovechándose de nuestro egoísmo de modo absurdo”. Por el contrario, “debemos fiarnos del Señor, de su bondad, de su proyecto de amor para cada uno de nosotros”.

“La Cuaresma es un tiempo de penitencia, ¡pero no de tristeza!”, señaló ante miles de fieles reunidos en la Plaza de San Pedro. “Es un compromiso alegre y serio para desnudarnos de nuestro egoísmo, de nuestro hombre viejo, y renovarnos según la gracia de nuestro Bautismo”.

Al concluir, Francisco se mostró convencido de que “solo Dios nos puede donar la verdadera felicidad: es inútil que perdamos nuestro tiempo en buscarla más allá, en las riquezas, en los placeres, en el poder, en la carrera…. El reino de Dios es la realización de todas nuestras aspiraciones más profundas y más auténticas, porque es, al mismo tiempo, salvación del hombre y gloria de Dios”.

Así, “en este primer domingo de Cuaresma somos invitados a escuchar con atención y acoger este llamado de Jesús a convertirnos y a creer en el Evangelio”, subrayó.

Foto: Daniel Ibáñez.


Que los sacerdotes sean servidores y lleven un estilo de vida sencillo, pide el Papa

17 febrero 2018

El Papa Francisco. Foto: Daniel Ibáñez / ACI PrensaRedacción (ACI Prensa. 17 de febrero de 2018 – 7:23 a.m.) Con motivo del 90 aniversario de la fundación del Pontificio Seminario Regional de Cerdeña (Italia), el Papa recibió en el Vaticano a algunos seminaristas y sacerdotes y los exhortó a ser servidores y llevar una vida sencilla.

El Pontífice agradeció que durante todos estos años el seminario “ha dado a la Iglesia numerosos ministros empreñados en vuestras iglesias locales, en las missio ad gentes y en otros servicios en la Iglesia universal”.

Deseó al mismo tiempo que “esta circunstancia conmemorativa pueda dar un nuevo impulso a la pastoral vocacional, a la formación actualizada y cuidada de los candidatos al orden sagrado, a beneficio del pueblo de Dios”.

Francisco les solicitó prestar especial atención a los pobres, y para eso hizo hincapié en la necesidad de “pastores que estén atentos”, “capaces de estar con ellos, con un estilo de vida sencillo, para que los pobres sientan que nuestras iglesias son el primer lugar de su casa”.

En este sentido, también les habló de convertirse en verdaderos “servidores” y subrayó que se necesitan hombres de Dios que “miren a lo esencial, que conduzcan una vida sobria y transparente, sin nostalgias del pasado, pero capaces de mirar hacia delante según la sana tradición de la Iglesia”.

Sobre la vida en el seminario afirmó que “es la escuela de fidelidad en la que se aprende antes de nada en la oración, particularmente en la litúrgica”. “En este tiempo se cultiva la amistad con Cristo, centrada en la Eucaristía y alimentada de la contemplación y del estudio de la Sagrada Escritura”. “No se puede ejercitar bien el ministerio si no se vive en unión con Cristo”, destacó.

Foto: Daniel Ibáñez.