Comunicado de la Comisión de Justicia y Paz de la CEV ante la situación vivida en Siria

18 abril 2018

justiciaypazCOMISIÓN DE JUSTICIA Y PAZ DE LA CEV

Orar por la paz nos apremia, no hay nada que la oración con fe no pueda realizar

La Comisión de Justicia y Paz de Conferencia Episcopal de Venezuela invita a todos los venezolanos y hombres de buena voluntad a elevar una oración por las víctimas, por las familias, por los ciudadanos y por los tomadores de decisiones en Siria, para que la Paz sea el camino verdadero de la Vida.

No hay mayor bien para el género humano que la paz. Por eso hoy, nos unimos a la tristeza que sumerge al mundo ante la amenaza de una conflagración que sólo puede ocasionar un saldo de dolor y de vidas preciosas a los ojos de Dios.

Nuestro compromiso cristiano nos llama a ser constructores del Reino de Dios, haciendo que el encuentro, la esperanza y la conciliación prevalezcan ante las disputas que sólo nos separan del mandamiento del amor al prójimo que Jesús nos ha entregado.

Es urgidos por ese amor que nos unimos en oración con nuestros hermanos en Siria, pidiendo que el Espíritu Santo inspire a los líderes para que encuentren los espacios para construir juntos el reino de misericordia, perdón y de paz al cual son llamados como hijos de Dios.

La Comisión de Justicia y Paz de la CEV recoge el sentir del pueblo venezolano y llama al diálogo y al encuentro como únicos mecanismos para la paz que el mundo entero clama

Mucho sufre el pueblo antes, durante y después de una intervención, que cobra casi siempre cientos” de vidas y “daños materiales.

Con nuestra bendición.

Caracas, 14 de Abril de 2018,

+Mons. Roberto Lückert
Arzobispo Emérito de Coro
Presidente de la Comisión de Justicia y Paz de la CEV

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¿Cómo distinguir a los profetas verdaderos de los falsos? El Papa lo explica

17 abril 2018

El Papa en la Misa. Foto: Vatican MediaRedacción (ACI Prensa. 17 de abril de 2018 – 4:16 am.) El profeta es siempre un hombre de esperanza que “se juega la piel”. Así lo indicó el Papa Francisco en la Misa que presidió en la capilla de la Casa Santa Marta, en la que dio algunas claves para distinguir a los verdaderos profetas de los falsos.

Francisco recordó la figura de San Esteban, que fue lapidado después de hablar al pueblo y anunciarle la verdad. “Lo llevaron fuera de la ciudad y lo lapidaron”, dijo.

“Cuando el profeta llega a la verdad y toca el corazón: o el corazón se abre o se hace más de piedra y se desencadena la rabia, la persecución” y “así acaba la vida de un profeta”.

“Pero, ¿cuál es para mí el test de que un profeta cuando habla fuerte dice la verdad? Y cuando este profeta es capaz no solo de hablar, sino de llorar a su pueblo que ha abandonado la verdad. Y Jesús por un lado reprueba con estas palabras duras ‘generación malvada y adúltera’: Por otro lado, llora sobre Jerusalén. Este es el test”.

“Un verdadero profeta es el que es capaz de llorar por su pueblo y también es capaz de decir las cosas fuertes cuando las debe decir. No es tibio, siempre es así: directo”.

El Pontífice añadió que “abrir las puertas, resanar las raíces, resanar la pertenencia al pueblo de Dios para ir adelante. Su trabajo no es ser un reprobador. No, es un hombre de esperanza. Reprobará cuando sea necesario y abre las puertas mirando al horizonte de la esperanza. Pero el verdadero profeta si hace bien su trabajo se juega la piel”.

“La Iglesia necesita profetas. Diré más: tiene necesidad de que todos nosotros seamos profetas. No critica, esta es otra cosa. Una cosa es siempre el juez crítico al cual no le gusta nada, nada le gusta: ‘No, esto no está bien, no está bien, no está bien; esto tiene que ser así…’. Ese no es un profeta. El profeta es el que reza, mira a Dios, mira a su pueblo, siente dolor cuando el pueblo se equivoca, llora –es capaz de llorar sobre el pueblo–, pero es también capaz de jugársela bien por decir la verdad”.

Foto: Vatican Media.


Así celebró Benedicto XVI su 91 cumpleaños

16 abril 2018

Imagen referencial / Benedicto XVI. Foto: ACI Prensa.Redacción (ACI Prensa. 16 de abril de 2018 – 11:06 am.) Benedicto XVI ha cumplido 91 años y lo ha festejado de una manera sencilla, en el interior del Vaticano. Así lo ha comunicado la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

El Papa Emérito estuvo acompañado por su hermano Georg, quien lo visita a menudo y pasa siempre que puede unos días con él.

Por su parte, el Papa Francisco ofreció por Benedicto XVI la Misa a primera hora de la mañana en la Casa Santa Marta, y después le envió su felicitación personal.

Hace unos días, Francisco le visitó para transmitirle personalmente su saludo por Pascua.

Desde que renunció al Pontificado, en febrero de 2013, Benedicto XVI se dedica al estudio, la lectura y la oración.

En febrero de este año, envió una carta al director del diario italiano “Il Corriere della Sera”. Dijo estar conmovido porque “tantos lectores de su periódico desean saber cómo estoy transcurriendo este último periodo de mi vida. Solo puedo decir al respecto que, en la lenta disminución de mis fuerzas físicas, interiormente estoy en peregrinación hacia Casa”.

Foto: ACI Prensa.


No hay lugar para la “creatividad salvaje” en la Liturgia, asegura Obispo

15 abril 2018

Foto referencial: Pixabay dominio públicoRedacción (ACI Prensa. 16 de abril de 2018 – 4:50 pm.) El Presidente de la Comisión Episcopal Pastoral de Liturgia en Brasil, Mons. Armando Bucciol, aseguró que no hay lugar en la liturgia de la Iglesia para la “creatividad salvaje”.

Así lo indicó el Prelado en el marco de la asamblea general del Episcopado brasileño que se realiza en la localidad de Aparecida hasta el próximo viernes 20 de abril.

En conferencia de prensa, realizada el pasado viernes 13, el también Obispo de Livramento de Nossa Senhora se refirió a los diversos abusos litúrgicos que ocurren en el país.

“Nadie en la Iglesia es dueño de la Liturgia. Yo no soy dueño, soy un servidor. También el Papa es servidor de la Iglesia, el primero. Y por lo tanto no puedo manipular la liturgia a mi parecer. En segundo lugar está lo que llamo ‘creatividad salvaje y fantasía’”, aseguró el Prelado.

El Obispo expresó su deseo de que “poco a poco todos los sacerdotes que manipulan la liturgia con la ‘creatividad salvaje’ comprendan que no es por ahí que se evangeliza”.

El Prelado dijo luego que “hay numerosos espacios en la Liturgia de la Iglesia para la creatividad sobria, fecunda y profunda. Creo que una persona que la comprende desde adentro y vive en la Liturgia aquello que celebra, con certeza transmitirá a los que participan de ella una fuerza transformadora que ilumina, que consuela y que fecunda la vida. Es por ahí que debemos caminar”.

El Obispo indicó también que los sacerdotes “somos ministros del altar para que Cristo crezca y no para el padre que celebra. Dentro de ese esencial análisis, la comisión (que preside) está llamada a orientar, corregir, pero siempre con profundo respeto. Cuando se ‘adorna’ demasiado, la liturgia pierde su belleza”.

Si bien el Prelado reconoció que “la fuerza del Espíritu” puede superar cualquier norma, precisó que la manipulación de la Liturgia “empobrece y confunde”.

“Personalmente, también nosotros en la comisión, como obispos en general, varias veces hemos llamado la atención para que eso no suceda”, agregó.

La Comisión para la Liturgia del Episcopado brasileño presentará a los más de 400 obispos reunidos en asamblea una reflexión sobre liturgia y evangelización en el contexto del tema central del encuentro que es la formación de los sacerdotes.

Traducido y adaptado por Walter Sánchez Silva. Publicado originalmente en ACI Digital.

Foto: Pixabay dominio público.


¿Por qué pedimos a María intercesión “en la hora de nuestra muerte”?

14 abril 2018

DEATHEsta frase del Ave María es humilde pero muy poderosa

Aleteia (14 de abril de 2018) En la oración por excelencia a la Virgen, el Ave María, la frase final dice: “ruega por nosotros, que somos pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte”. Esta frase, si uno reza el rosario a diario, la repite al menos 50 veces.

¿Por qué tanta insistencia? Sólo puede ser una razón: porque la Iglesia reconoce que, en la hora de la muerte, la intercesión de la Virgen es muy necesaria y extremadamente eficaz.

Para comprender esta necesidad, hay que tener presente que la hora de la propia muerte es la más decisiva y difícil de todas. Es la hora del combate supremo. Una buena muerte puede reparar los errores de toda una vida, y alcanzar la misericordia divina.

El ejemplo del buen ladrón del evangelio: Su vida estaba manchada por varios crímenes, que le llevaron a merecer ser ajusticiado. Pero poco antes de morir, se arrepintió, fue perdonado, y recibió la seguridad del mismo Cristo de que ese mismo día estaría con Él en el Paraíso.

Sin embargo, también puede suceder al contrario: en el último instante de la vida, uno puede dar la espalda a Dios, y aun cuando llevara una vida virtuosa, podría en el momento supremo renegar de todo ello y comprometer su salvación eterna.

El momento de la agonía

Las historias de los santos, san Francisco de Asís, san Andrés Avelino y tantos otros, muestran que el momento de la muerte es también el momento de la lucha espiritual más fuerte. No es casualidad que muchos moribundos llamen a su madre biológica en esos duros momentos, como buscando un consuelo maternal, incluso aunque esta ya haya muerto.

La Iglesia, consciente de la gravedad de ese momento en la vida de un cristiano, dispone ayudas espirituales importantes, como el sacramento de la Unción de los Enfermos. Y propone también acudir al auxilio de la Virgen María: Santa María, ruega por nosotros en la hora de nuestra muerte.

Para los cristianos, poder invocar a María en esos momentos es un consuelo a la vez humano y espiritual muy profundo. Su intercesión es poderosa en el momento de las tinieblas, y Ella es capaz de enternecer el corazón más duro y de lograr una verdadera conversión. Esta creencia ha sido constante en los grandes santos y padres de la Iglesia

“Cuando llega la última hora de un devoto de Nuestra Señora – dice san Buenaventura -, esta buena Madre le envía los espíritus angélicos que están a sus órdenes, juntamente con san Miguel, su jefe. Y Ella, que es el flagelo del infierno – como dice san Juan Damasceno – Ella que tiene, por misión, el odio a la serpiente infernal, le hace sentir, sobre todo cuando alguno de sus devotos abandona este mundo, todo su victorioso poder. Ella es para el demonio, en esta ocasión, terrible como un ejército en orden de batalla. Se vuelve contra él como esa torre de la que habla el Cantar de los Cantares, donde mil escudos están levantados con las armas de los más valientes”.

“¡No, un servidor de María no puede perecer!” – declara san Bernardo. – “¡No, aquel por quien María se dignó rezar no puede ya tener dudas de su salvación y de su ida a la gloria del Cielo!” – dice san Agustín.

“¡No, aquel por quien María rezó una vez no perecerá! ¡No, quien reza piadosamente todos los días el Ave María no será abandonado en la última hora!” – exclama también san Anselmo. Esta oración posee todas las cualidades capaces de volverse infaliblemente victoriosa.

En primer lugar, ella es santa en su motivación. ¿Qué pedimos por ella? La perseverancia final “en la hora de nuestra muerte”. Además, esta oración es humilde. Por ella confesamos a María Santísima nuestra miseria, revistiéndonos de un título que nos define muy bien: “pobres pecadores”.

Es también una oración confiante, pues nos dirigimos a la más poderosa intercesora que pueda haber, Aquella que es llamada de “Omnipotencia suplicante”, en vista de su santidad preeminente y de su dignidad incomparable de Madre de Dios: “Santa María, Madre de Dios”.

Esta oración es perseverante. ¿Qué oración puede ser más perseverante? Aunque, por suposición, sólo rezásemos un Ave María por día, ¿cuántas veces durante nuestra vida le habremos pedido que interceda por nosotros en la hora de la muerte? ¿Y cómo será si rezamos al menos un misterio del rosario? ¿Más aún si tenemos la costumbre de rezar diariamente un rosario entero? ¿Será posible que María Santísima, tan celosa de nuestra salvación, no nos escuche?

Tomemos, pues, la resolución de rezar todos los días de nuestra vida, con una nueva fe, una nueva confianza y un nuevo cuidado, esta corta pero tan bella y eficaz oración, el Ave María. Así obtendremos cada día aquellas gracias particulares que necesitamos y, sobre todo, la gracia necesaria al final de la vida, la mayor de ellas, la más importante de todas las gracias, la gracia de perseverar hasta el final.

(Adaptado de “L’Ami du Clergé” nº 39, de 23/9/1880)

Foto: Shutterstock-Photographee.e


Este Martes Santo es la Misa Crismal

26 marzo 2018

Sin títuloRedacción Central (Catedral de Maracaibo. 26 de marzo de 2018 – 12:00 p.m.) Continuando con las actividades de la Semana Mayor, ahora corresponde en este Martes Santo a la Misa Crismal, en donde se bendicen los santos óleos: De los Catecúmenos, de los enfermos y el Santo Crisma; los cuales son usados por el ministerio sacerdotal para diferentes propósitos. Asimismo, aquí se renuevan las promesas sacerdotales y el voto de obediencia hacia el Obispo de turno en la Arquidiócesis. Y por último, se hace entrega de la Colecta de la Campaña Compartir la cual está a recaudar fondos económicos para las diferentes obras sociales que realiza la Iglesia en Maracaibo, este año específicamente por los niños desnutridos.

Como no puede ser de otra manera, esta Eucaristía será presidida por nuestro Arzobispo Metropolitano, Mons. Ubaldo Santana y concelebrada por todo el clero marabino. Es una manifestación de fe y de comunión del clero hacia su pastor, en el único y mismo sacerdocio de Cristo. Tendrá lugar a las 9:00 a.m., saliendo el cortejo procesional desde el Palacio Arzobispal hasta San Pedro y San Pablo, y al término de la Eucaristía, retornar de nuevo al Palacio.

Foto: Pbro. Silverio Osorio.


¿Que se celebra el Domingo de Ramos?

25 marzo 2018

¿Qué celebramos el Domingo de Ramos?Ese día se celebra la entrada solemne de Jesús en Jerusalén y el relato de su pasión y su muerte en la cruz antes de entrar en la Semana Santa

1. El Día de Ramos es simbólicamente la “puerta de entrada” en la que los cristianos se preparan para entrar en la Semana Santa y, por tanto, para dirigirse a la Pascua. Todavía hoy, como en tiempos de Jesús, la bendición de las palmas atrae a multitudes.

Cada año, el Evangelio de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén le da todo su sentido a la bendición de las palmas. Se reviven los momentos en los que la multitud acoge a Jesús en la ciudad de David, “ciudad símbolo de la humanidad” (Juan Pablo II), como un rey, como el Mesías esperado desde hacía varios siglos.

Aclaman a Jesús a las voces “Bendito el que viene en nombre del Señor” y “Hosanna” (en hebreo, esto significa literalmente “¡Salva, pues!”, y se ha convertido en una exclamación de triunfo pero también de alegría y de confianza).

Jesús es un Rey pero un Rey de paz, de humildad y de amor. Sobre un asno, una montura modesta, un animal de carga, el Señor se presenta a la multitud. Zacarías había anunciado (9,9): “He aquí que viene a ti tu rey: justo él y victorioso, humilde y montado en un asno, en un pollino, cría de asna”.

La gente tendía sus mantos a su paso, lo cubría de palmas, como relata Mateo en su Evangelio: “La gente, muy numerosa, extendió sus mantos por el camino; otros cortaban ramas de los árboles y las tendían por el camino” (Mt 21,8).

Todavía hoy, la bendición de las palmas atrae a multitudes, con un público a veces poco habitual seducido por estas palmas y ramas de olivo (o de boj, o de laurel, según los países) que se pueden conservar en casa hasta el año siguiente.

Símbolo de vida y de resurrección, el ramo es portador de bien, más que de buena suerte. Se coloca en las casas o adorna los crucifijos: hace entrar a Jesús resucitado en los hogares.

Estos ramos que se toman en las manos para aclamar la cruz de Cristo se colocan también a veces sobre las tumbas y entonces adquieren un significado funerario.

No es sólo para honrar la memoria de un ser querido, sino también para manifestar la propia esperanza de ver renovar y florecer la propia fe en la resurrección de Jesucristo, y en la de los muertos.

Normalmente, las parroquias organizan una procesión tras la bendición de los ramos, antes de la misa. En las grandes ciudades, la asamblea puede reunir hasta varios miles de personas. Los fieles entran después en la iglesia, detrás del sacerdote, lo cual significa que acompañan a Cristo Rey hacia su pasión.

2. Diversos testimonios revelan que Jerusalén ya celebraba en el siglo IV la entrada triunfal de Jesús en la ciudad. Una peregrina llamada Egeria, que recorrió Tierra Santa en el año 380, da testimonio de ello en un manuscrito hallado en 1884. Desde Jerusalén, la procesión se extiende al mundo entero…

Egeria, o Eteria, nos describe la procesión que, del Monte de los Olivos al Santo Sepulcro, celebra la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén:

Y ya, cuando comienza a ser la hora undécima (17h), se lee aquel pasaje del Evangelio, cuando los niños con ramos y palmas salieron al encuentro del Señor diciendo: “Bendito el que viene en el nombre del Señor”. A continuación se levanta el obispo y todo el pueblo, se va a pie desde lo alto del Monte de los Olivos, marchando delante con himnos y antífonas, respondiendo siempre: “Bendito el que viene en el nombre del Señor”.

En su testimonio, Egeria insiste en la gran participación de niños en esta procesión: “Todos los niños que hay por aquellos lugares, incluso los que no saben andar por su corta edad, van sobre los hombros de sus padres, llevando ramos, unos de palmas, y otros, ramas de olivo”.

Desde Jerusalén, la procesión se extiende a todo Oriente y hace del domingo inaugural de la Semana Santa el Domingo de Ramos.

Desde principios del siglo VII, llega a Hispania y probablemente a la Galia (certificada en el siglo IX) y después se desarrolla ampliamente en todo el imperio carolingio.

En Roma, en el siglo V, sólo se leía la Pasión. A principios del siglo XII, cuando los usos franco-germánicos penetran en Roma (tras su propia decadencia litúrgica), la Procesión de las Palmas se menciona en los libros romanos.

3. La celebración excepcional que propone la Iglesia católica el Domingo de Ramos remite a varios textos del Antiguo y del Nuevo Testamento que hacen entrar progresivamente al creyente en la celebración del “Misterio pascual de Jesucristo”.

Durante la misa, las distintas lecturas y el Evangelio de la Pasión (sobre los sufrimientos y suplicios que precedieron y acompañaron a la muerte de Cristo) introducen al creyente en la Semana Santa y en sus distintas etapas, a la luz de la Pascua.

Primero el profeta Isaías enseña que el Siervo de Dios acepta sus sufrimientos: “Mi rostro no hurté a los insultos y salivazos. Pues que Yahveh habría de ayudarme para que no fuese insultado, por eso puse mi cara como el pedernal, a sabiendas de que no quedaría avergonzado” (Is 50, 6-7).

Después san Pablo explica que Jesús, Cristo y Señor, de condición divina, no ha retenido el rango que le igualaba a Dios, “sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo … por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre” (Fil 2, 6-11).

Entre estas dos lecturas, se intercala el Salmo 22 que el Señor rezó en la cruz y que es una interrogación profunda sobre el Misterio de su abandono:

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Todos los que me ven de mí se mofan,
tuercen los labios, menean la cabeza:
«Se confió a Yahveh, ¡pues que él le libre,
que le salve, puesto que le ama!»
(···)

Pero esta llamada desesperada no queda sin respuesta porque el salmo termina así:

¡Mas tú, Yahveh, no te estés lejos, corre en mi ayuda,
Anunciaré tu nombre a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré!
Los que a Yahveh teméis, dadle alabanza.

Además el relato de la Pasión se hace a varias voces: la voz del sacerdote encarna al personaje de Jesús. Jesús sabe que su triunfo ha provocado la envidia y el furor de los sacerdotes, que han decidido matarlo.

Durante la última cena con sus discípulos (la Cena), instituye la Eucaristía: hace ofrenda de su cuerpo y de su sangre como “verdadera” comida y “verdadera” bebida que dan la Vida eterna, anticipando así a través de este gesto el sentido profundo de su próximo sacrificio, su muerte en la cruz: “Tomad, este es mi cuerpo… Esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos”, relata el evangelio de Marcos.

Después Jesús lleva a sus discípulos al Monte de los Olivos y les advierte de lo que va a soportar. Ellos le prometen su apoyo incondicional.

Pero en medio de la noche, en el huerto de Getsemaní, Jesús es abandonado por estos mismos discípulos, que sucumben al sueño.

Él les había recomendado, sin embargo, que esperaran y velaran durante el tiempo que él rezara a su Padre un poco más lejos, después de haberles explicado que su “alma está triste hasta el punto de morir”.

Entonces Judas, uno de los doce apóstoles, llega para traicionarlo y entregarlo a las autoridades judías. Poco después, Pedro, atemorizado, niega conocer a Jesús confirmando lo que este último le había anunciado antes: «Yo te aseguro: esta misma noche, antes que el gallo cante, me habrás negado tres veces”.

Juzgado escuetamente, Jesús es crucificado por los romanos. En camino a su resurrección, se rebaja a lo más bajo. Tras los cantos de alegría que le han acogido, son gritos e insultos los que le acompañan cuando, llevando su cruz, sale de Jerusalén.

4. Desde 1985, el Domingo de Ramos las diócesis están invitadas a organizar su Jornada Mundial de la Juventud, que representa una etapa hacia las JMJ internacionales (Madrid, Río, Cracovia,..), una iniciativa querida por Juan Pablo II, impresionado por el entusiasmo de los jóvenes por encontrarse, compartir y rezar juntos.

Los jóvenes son muy sensibles a esta celebración gracias al impulso dado, en 1984, por Juan Pablo II la víspera del Domingo de Ramos. Aquel año, la Iglesia celebraba el Año Santo de la redención, 1950 años después de la Pasión de Cristo.

Este papa que, como se sabe siempre estaba muy cercano a los jóvenes, quiso marcar ese año jubilar con su presencia entre ellos y les invitó a un Jubileo internacional de la juventud, en la plaza de San Pedro, en Roma.

Emocionado por la llegada de centenares de miles de jóvenes, Juan Pablo II declaró: “¡Qué espectáculo extraordinario veros hoy aquí reunidos! ¿Quién ha dicho que los jóvenes de hoy han perdido el sentido de los valores? ¿Es verdad que no se pueda contar con ellos?”.

A finales de ese año, Juan Pablo II confirió a los jóvenes cristianos de todo el mundo, como símbolo de su fe, una gran cruz sencilla constituida por dos planchas de madera. Esta cruz se ha convertido ahora en el símbolo de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).

El encuentro de 1984 tuvo tanto éxito que se repitió al año siguiente, con ocasión del Año Internacional de la Juventud proclamado por la ONU.

El éxito será entonces mayor (300.000 jóvenes presentes) y a finales de año, Juan Pablo II anuncia la creación de la Jornada Mundial de la Juventud, que se celebraría cada año en las diócesis, el Domingo de Ramos.

¿Por qué el Domingo de Ramos? “La respuesta os la habéis dado vosotros mismos, con vuestra venida a Roma de estos últimos años”, declaró el mismo papa en 1988, en su homilía de la misa del Domingo de Ramos.

Y añadió: “Vosotros vais a buscar a Jesús en el centro de su misterio, y el centro del misterio de Cristo es la muerte y la resurrección”.

Fuentes :
La Semaine Sainte, n°41, La Maison-Dieu.
La liturgie du Mystère Pascal, n°68, La Maison-Dieu.
La Iglesia en oración. Introducción a la liturgia, A.G. Martimort, Desclée y otros autores.
Celebrar a Jesucristo. La Cuaresma, Adrien Nocent, Editorial Sal Terrae.
Demeurez en ma parole, Méditations et prières, Collectif, Cerf
L’entrée du Christ à Jérusalem, XXXIV, Communio, Revue catholique internationale, 2009.
Théo, 1989, Encyclopédie catholique, Droguet-Ardant / Fayard.
La Liturgia de las Horas.
Prions en Eglise, Abril 2012.
Misal Romano.

Foto: ACI Prensa.